La expansión de la web cada vez colaborativa que estamos viviendo en los últimos años parece no alcanzar límites. La generación de contenidos se lleva a cabo, de momento, de forma democrática y espontánea, por lo que el volumen de información que alberga Internet crece de forma prácticamente exponencial. Ante tal avalancha de datos, se hace preciso refinar los métodos de búsqueda, selección y valoración de los contenidos, algo en lo que trabaja nuestro amigo Google, pero en lo que también colaboran los usuarios, a través de recomendaciones, enlaces cruzados, meneameses y similares herramientas. No cabe duda de que en los próximos años deberían aunarse esfuerzos en aras de conseguir una mayor optimización en la faceta organizativa de Internet, o correremos el riesgo de perecer en un naufragio de información, saturados por la tormenta digital que se nos viene encima.
En cualquier caso, la profusión de redes sociales de todo tipo que vivimos hoy día, y que nos lleva a vivir una existencia 2.0 paralela a la real dotada cada vez de mayor peso, alcanza a (casi) todos los aspectos de la vida. Entre ellos, al de la escritura colaborativa. No hablo de las wikis, que han mostrado su eficiencia a la hora de compartir información y permitir la colaboración activa de los usuarios para generar contenidos de calidad, ni de medios más obsoletos de crear contenidos comunes, como el recuerdo grato de una Internet 0.1 en la que, a través de una lista de correo (la Lista Tolkien), una serie de compañeros creamos una especie de libro colaborativo, que surgió de forma espontánea a través de los mensajes de correo, y que derivó en la llamada Guerra de la Cerveza. Otra colaboración espontánea que resultó muy interesante fue la traducción conjunta de los poemas del libro de J.R.R. Tolkien Las aventuras de Tom Bombadil, y que, dada la calidad de la traducción, fue posteriormente publicado por Minotauro en forma de libro, cubriendo así un hueco editorial que los seguidores de Tolkien acusábamos desde hacía años.
Así, si es posible colaborar y trabajar en común en una Internet que se nos antoja a día de hoy prehistórica, si existen herramientas cada vez más poderosas para la escritura y edición conjunta (las wikis, los documentos compartidos de Google o de Microsoft Live…), ¿cómo no iba a surgir una red social en torno al proceso de escritura? Existe, y su nombre es SoopBook (Social Open Book Community). Esta red social se basa en la lectura y escritura colaborativa, en crear un libro, definir quiénes pueden verlo y editarlo, y comenzar a escribir. El resultado puede ir compartiéndose, se permite el espacio para la valoración y crítica (es de esperar que constructiva). En cierto modo se trata de la traslación al mundo de las redes sociales de conceptos ya existentes en cuanto a la publicación de contenidos, como las webs de publicación de relatos, o blogs usados como herramienta de escritura, con el aliciente de que, al encontrarse centralizado todo el proceso de escritura y lectura por parte de otros usuarios, se produce un flujo continuo de comentarios que puede retroalimentar a los escritores de forma inmediata.
Una interesante herramienta que, como todas las redes sociales, necesita del respaldo de la comunidad para existir. Bueno, qué, ¿escribimos un libro de informática en modo colaborativo?